Tengo este tema que no me abandona: ¿es cocinar un acto de empatía? ¿Ser cocinero es un acto de generosidad? Pensamos que sí, recordando a nuestras madres o abuelas preparando comida para toda la familia, o concibiendo el proceso de “dar de comer” como un acto de bondad.
Sin embargo, veo algo bastante distinto en las cocinas: veo en los grandes chefs más prepotencia que gentileza —los restaurantes están llenos de gritos e insultos. Veo más autoritarismo y rigidez que apertura. Y veo, también, más vanidad —auto gratificación— en el proceso de preparar algo que un acto empático.
Entendamos un poco sobre qué es la empatía. No es lo mismo que “simpatizar” con alguien, en el sentido de “sé que lo estás pasando mal, pero no te preocupes, todo va a estar bien”. También es muy distinto a la lástima o compasión, que es un sentimiento mucho más común (y fácil).
Hay dos tipos de empatías, según los psicólogos: primero, la empatía afectiva, que es cuando vemos un niño sufriendo y nos duele: “sentimos” su dolor, de alguna manera. Después está la empatía cognitiva, que es cuando comprendemos el estado interno de otra persona.
Al ser empáticos se nos exige un acto apertura muy especial: es buscar dentro de nosotros ese lugar en el que está la persona que sufre. Es, en esencia, una acción de gran vulnerabilidad, porque más que ser un esfuerzo por arrastrar a quién padece de dónde está a dónde estamos nosotros, descendemos a su oscuridad. Por eso —porque es duro— es que tratamos de bloquear las emociones de los demás.
Ser empático es más fácil para quienes viven en penumbras. Pero es una habilidad que todos deberíamos tener. Porque en las últimas décadas hemos vivido la era de introspección: “mira dentro de ti mismo” se nos ha dicho. Busca ahí cuál es tu problema. “Conócete a ti mismo”. No es que esto esté mal. Pero en la combinación de estarnos mirando en el espejo y vivir en un mundo de capitalista individualidad, hemos dejado de mirar a los demás.
El académico Roman Krznaric propone que busquemos entrar en la era de la “fuerapección” (outospection en inglés). Y lo que plantea me gusta porque habla —como habla esta columna en general— de la revolución indispensable.
El hecho, creo, es que la empatía es una fuerza transformadora muy peligrosa para el sistema. Porque las grandes transformaciones sociales que hemos vivido surgen por puntos de inflexión empáticos. El Día Internacional de la Mujer nació después de que 129 costureras murieran atrapadas en un incendio por exigir mínimos derechos en el año 1908.
Su muerte impactó al mundo y obligó el inicio de una serie de movimientos sociales que poco a poco —y con mucho que recorrer aún— han ido empoderando a la mujer. La esclavitud se ilegalizó en Inglaterra por un acto de empatía de un grupo de blancos sensibilizados que hicieron que las elites de su país conocieran —y sintieran— la realidad de los esclavos. Ejemplos hay miles. Y el mundo sigue siendo un lugar lleno de injusticia y dolor, pero existen estos esfuerzos.
Como el de la ONG palestino-israelí No se termina si no hablamos, que reúne a padres y familiares de víctimas mortales de la violencia entre esas dos naciones. Padres de soldados israelíes, madres de niños palestinos se juntan y comparten su dolor. Lo hablan, lo expresan, y se dan cuenta que sienten lo mismo. Y dicen: si hablamos, el dolor se termina. Si no nos escuchamos, jamás.
Vuelvo a los chefs. ¿Qué sienten cuándo cocinan? Claro que hay vanidad y búsqueda de reconocimiento. Y más en unos que en otros. Hay ambición de perfección (y una frustración aberrante ante el fracaso). Pero en algunos cocineros veo también esto: un afecto profundo por dar un momento de placer. Porque la empatía no es sólo sentir el dolor ajeno, sino también su alegría. Y sentir felicidad de otros —o al menos, la ausencia temporal de dolor y miedo que el placer trae— es también una cualidad que necesitamos tener.
Quizá llevamos demasiado tiempo mirando hacia adentro y es hora de empezar a mirar hacia afuera. Allá afuera está la clave que no hemos encontrado aún para lograr esa revolución que tanta falta nos hace.
1 comentario:
Excelente, brillante, empático.
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